La planta noble del Casal Solleric acoge actualmente dos exposiciones de diferentes artistas y trabajos en una gran variedad de soportes bajo un mismo denominador común; las obras expuestas son en su totalidad creaciones de artistas participantes en el “Premi Ciutat de Palma Antoni Gelabert d’Arts Visuals”. Levi Orta, ganador de la edición de 2013, presenta su proyecto “Gozando mientras trato de entender algo de política” y los finalistas, accésits y ganadora – Irene de Andrés Vega, de la última edición de 2014, dejan entrever una pincelada de su arte con la exposición de sus obras a concurso. Son además, en su gran mayoría, artistas pertenecientes a una joven generación de creadores que han elegido como musa inspiradora los devenires políticos de su tiempo, sin duda, fuente (casi) inagotable de reacciones y respuestas.

Resulta fácil simpatizar con el discurso de Levi Orta (La Habana, 1984). Su visión de la política, más lúdica que la de otros artistas comprometidos sin perder sin embargo ni un ápice de intención crítica, consigue dibujar en el espectador, en un primer momento, una sonrisa que se tuerce cuando éste se detiene en la reflexión que le brinda el artista a partir de sus instalaciones. Orta presenta a los políticos como personas duales; gente corriente que sin embargo desempeña una función importante. El artista desacraliza la visión de los políticos y los sitúa en el plano terrenal de los deseos, inquietudes, miedos, debilidades y defectos. Si el aburrimiento es uno de los sentimientos más normales entre los humanos, ¿es admisible que nuestros políticos se aburran mientras discuten si nos suben los impuestos, si prohíben el maltrato animal, o si aprueban la nueva ley de seguridad ciudadana? (Obra “Voyeur”, 2014) ¿Cuánto tiempo tardaremos en dejar de fingir – me refiero a nosotros, los ciudadanos – , que no sabemos que la política de turno es solo una manera ordenada de facilitar la repartición del pastel monetario? (Obra “Perverted Joke”, 2014). Orta cuestiona en esta magnífica exposición la polarización del poder planteando la problemática como un asunto más complejo que la simple división maniquea bien – mal. Orta nos recuerda que también en nuestros actos, en los de los ciudadanos de a pie, se pueden llegar a reconocer estratagemas perversas de reminiscencia política (Obra “Arte político degenerado”, 2014, en colaboración con Núria Güell).

Pero no solo Orta ha sentido el cántico inspirador de la política, protagonista indeseada de muchas de las producciones que se pueden ver en la muestra del Solleric; Marc Larre, u Olalla Gómez, son solo algunos nombres del coro de voces jóvenes que gritan el hartazgo de una sociedad cansada de injusticias y precariedades, y cuyas creaciones artísticas estarán expuestas hasta el 15 de febrero. Muy recomendable.

Ana Ferrero Horrach – Ciceró dArt

Artículo publicado inicialmente en Bonart revista, edición digital:

http://www.bonart.cat/actual/la-musa-espanyola-del-segle-xxi-al-casal-solleric/

levi orta

Imagen del montaje expositivo de Levi Orta en el Solleric

Hans Haacke. Castillos en el aire

Museo Reina Sofía. 15 de febrero – 23 de julio de 2012

Pensemos (y ya vamos bien, teniendo en cuenta el sujeto del tema). Pensemos, iba diciendo, en arte conceptual, y seguramente el nombre de Haacke nos acuda rápidamente a la cabeza, y es que precisamente el Museo Reina Sofía alberga estos días una de esas exposiciones dogmáticas que ilustran por sí mismas una parte de la reciente Historia del Arte; “Castillos en el aire” con los que el emblemático museo se ha servido para hacer un recorrido por las obras más significativas del artista conceptual alemán.  La primera obra a la vista se presenta como una cómplice anunciadora de lo que uno se va a encontrar en las salas venideras; se titula “Nothing to declare” de 1992,  obra expuesta por primera vez en la John Webber Gallery de Nueva York en 1992 y que actualmente pertenece a la colección del artista, en la que 7 marcos de cuadros aparecen colgados de un techo pendiendo de un hilo sobre un más que amenazante portabotellas con pinchos. “Metáfora de lo peligroso e inestable que puede llegar a ser el arte”, me digo a mi misma (puestos a ser conceptuales, una se puede permitir el lujo de elucubrar lo que quiera). A continuación, esta sensación funesta se acentúa al recorrer una sala alargada en la que una instalación videográfica teletransporta al visitante al fallido ensanche de Vallecas, inacabado y desangelado, fruto de la especulación inmobiliaria. Paradójicamente, las calles de ese Vallecas llevan nombres de movimientos artísticos, razón por la cual, intuyo, Haacke sintió interés en 2010 por reflejar este suceso como analogía de la especulación artística, dando continuidad al leit motiv de su carrera tratado en otras obras también presentes en la exposición, como “Sol Goldman and Alex di Lorenzo Manhattan Real Estate Holdings, a Real Time Social System, as of May, 1, 1971”, en la que se denuncia un caso de especulación similar ocurrido en Nueva York (ciertamente hay pocas cosas menos regionales que la corrupción). Con una museografía fría, quizá lo más adecuado para una exposición conceptual de libro como esta, uno se encuentra con una exposición con fuerte carácter documental e intención a veces demasiado pedagógica, (llevando casi a lo ridículo la voluntad divulgativa al colocar a modo de ejemplos obras que ilustran los movimientos artísticos de las calles del citado ensanche fallido de Vallecas). A pesar del aturdimiento de algunos de los visitantes que se marchan totalmente desinteresados al no entender por qué hay documentos enmarcados y no “cuadros de verdad”, es una exposición imprescindible en la que la emoción reside en la indignación que uno experimenta al enterarse de los hechos denunciados por el artista; una emoción en definitiva, que reside en el estímulo conceptual.

Ana Ferrero Horrach